Escultura

Rafael Moneo

Domingo, 04 de Noviembre de 2012 10:58 Anselmo del barrio
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Homenaje a Rafael Moneo

SE HAN ORGANIZADO DOS EXPOSICIONES

Y UN CICLO DE CONFERENCIAS

Nada hay mejor que el reconocimiento de los tuyos”. Esta frase sintetiza el agradecimiento que Rafael Moneo siente hacia su ciudad natal, en cuyo nombre el Ayuntamiento de Tudela y Fundación María Forcada le homenajean organizado en la Casa del Almirante dos exposiciones y un ciclo de conferencias sobre la figura del  genial arquitecto coincidiendo con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes, y su 75 cumpleaños. Estas actividades fueron presentadas el pasado 2 de noviembre en la Casa del Almirante, con la presencia de Rafael Moneo.
Hasta el 6 de enero se pueden visitar las citadas exposiciones. La primera de ellas, titulada ‘Rafael Moneo, Príncipe de Asturias de las Artes’, se centra en dos de sus proyectos más emblemáticos, la ampliación del Museo del Prado en Madrid y el centro Kursaal de San Sebastián.
La segunda lleva por título ‘Una mirada a la obra de Rafael Moneo’ y está compuesta por una veintena de instantáneas de pequeño formato (50 x 50) en blanco y negro, realizadas por el fotógrafo Carlos Cánovas. No se trata de una exposición sobre edificios, sino más bien de una muestra que propone una mirada personal y artística sobre su obra. La exposición está acompañada por maquetas originales de los edificios de Moneo, prestados por su estudio de arquitectura.
Moneo manifestó en su intervención que nunca olvida sus raíces tudelanas y afirmó con orgullo que haber nacido en un pueblo es una gran ventaja “porque te abre el horizonte de lo que es el mundo. Ahora que uno ve muy avanzada la vida, observa la niñez y la adolescencia como periodos cruciales de ella. Para mí Tudela es el horizonte donde tengo todo y lo que da sentido a todo lo que ha sido mi vida y mi trabajo”.
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Para el arquitecto “nacer en un pueblo es una gran cosa. Frente a lo que va descubriendo en su vida un niño en una gran ciudad, el horizonte de un pueblo es paradójicamente más amplio. El niño que crece en un pueblo tiene ocasión de ver el mundo más en su totalidad. Ver lo que es la producción de las materias primas, la diferencia entre producir y comerciar,  los intereses claros de los distintos grupos que componen la sociedad... Ver y entender el mundo de la forma más amplia posible. Por eso los años que van entre los 10 y los 17 fueron cruciales porque me abrieron los ojos respecto a lo que la vida podía ser”.
Recordó lo importante que fueron en su adolescencia “los pequeños ámbitos de la vida cultural de Tudela de 1950 a 1952”.  Terminó el Bachillerato en el colegio de Jesuitas en 1954 y aseguró que durante esos años jugaron un papel crucial “muchas personas que me abrieron horizontes que yo no tenía”.
Destacó la importancia de la disciplina en su formación. Recordó que cuando en la  mañana del pasado 2 de noviembre visitó el Cementerio tudelano para “honrar” a sus abuelos Mariano Moreno Marzal y Petra Pérez Clemos; a sus padres Rafael y María Teresa; y a su hermano Mariano; de “refilón” vio la tumba de una persona “que de repente casi había olvidado y que fue un maestro de escuela: don Alfredo Rioja. Venía a darnos clases a mi hermano y a mí a casa, a obligarnos a tener una caligrafía casi perfecta, a hacer análisis gramaticales y un correcto dictado... Esa exigencia y esa disciplina recibida de manos del que fue nuestro maestro antes de llegar al Bachillerato” y de otros muchos profesores que tuvo en Jesuitas le ayudaron en su formación.
Tampoco se olvida del apoyo que recibió de tudelanos y del ayuntamiento que le pidieron realizar sus primeros trabajos. “Mi iniciación a la arquitectura fue a través de los amigos de mi familia e incluso del ayuntamiento que me ofreció realizar las escuelas de Elvira España. Tengo que estarles agradecido porque me apoyaron en un momento tan importante para la carrera de un arquitecto como es la iniciación en sus trabajos profesionales. Me permitieron ver pronto mi trabajo realizado en una ciudad como Tudela”.
Unas primeras obras que desde el primer momento levantaron elogios y le enseñaron que podía ser un gran arquitecto. “Uno trabaja también para conseguir el reconocimiento de aquellos a quienes más aprecia. El trabajo también es un diálogo con los demás y esperas esa respuesta de los demás”.  También recordó a su padre, del que dijo “que me hubiera gustado tanto que hubiese podido ver todos mis logros profesionales...”.
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“Ver y tener el reconocimiento de los tuyos, de esa familia más amplia que es el pueblo en el que has nacido, es una experiencia tan profunda, tan íntima, tan grata, que no puedo sino manifestar mi agradecimiento a todos aquellos que la han propiciado”. Por eso no lo dudó dos veces y se sintió halagado “cuando Jesús María Ramírez en nombre de la Fundación María Forcada “me habló de esta exposición y pensamos en enlazarla con el Premio Príncipe de Asturias. Ahora disfruto ofreciendo y compartiendo mi trabajo. Por eso la exposición presenta de una manera un poquito más amplia dos proyectos que considero importantes en España que son el Kursaal en San Sebastián y la ampliación del Museo del Prado en Madrid. Podrían haber sido otros, pero me parece que muestran dos momentos de mi profesión que por razones distintas valoro mucho”. No obstante, reconoció que le gustaría también que quienes visiten las exposiciones “prestasen atención” a otras obras suyas porque ofrecen en su conjunto “un mosaico de lo que ha sido mi carrera profesional”.

Actualizado ( Miércoles, 28 de Noviembre de 2012 10:55 )