El último baile

Miércoles, 04 de Julio de 2018 11:08 Anselmo del barrio
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juanLas pasadas fiestas se despidió de bailar los gigantes

Es el número 300 de Navarra en

recibir un trasplante de corazón

Juan Ramón Marín sonríe continuamente. Y no es para menos. Es el número 300 de Navarra en recibir un trasplante de corazón. Fue operado el 11 de mayo de 2016 en la Clínica Universidad de Navarra. Necesitaba un corazón debido a una insuficiencia cardíaca que padecía desde hacía 10 años.
Según relata, “en enero de ese año ningún médico contaba con que pudiese seguir viviendo. Ese mes me mandaron a Pamplona y salía o me traían en una caja de pino. Esto ha sido volver a vivir, volver a nacer. Ha sido un milagro”,
Indica que “hablamos de lotería, pero la verdadera lotería es esto, que me han dado una nueva vida. Y aquí estoy luchando por ser con la gente mejor. He visto que con lo que me ha pasado muchísimas personas me han demostrado que me quiere y me preguntan por mi salud continuamente por la calle”.
Nombrado Tudelano Popular en 2013, no oculta su fe ciega en Santa Ana, Patrona de Tudela y su profunda religiosidad. Tampoco olvida a esa persona, de la que desconoce su nombre, y que le donó el corazón. “Rezo por él y por su familia todos los días”, se sincera.
Si 2016 fue un año muy especial para Juan Ramón, 2017 significó su despedida como “bailador” de los gigantes, una de sus mayores pasiones. Y lo hizo el día 24 de julio en el Vals de Santa Ana, dentro de la Catedral. “Fue un día muy emotivo”, explica este tudelano, fundador junto con otros compañeros de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Tudela.
“No pudo ser en mejor lugar y en mejor momento”, recuerda. Interpretó la primera parte de la Novena haciendo bailar a su querida “Catalina de Foix”, con la que tantos años ha recorrido las calles de Tudela.Pero el acto todavía fue más emocionante ya que como pareja de baile tuvo a su hijo Asier que levantó a Juan de Labrit.
“Fue un día muy especial”, asegura. “Además tuve un recuerdo para mucha gente, sobre todo a algunos de mis familiares, y luego a personas que han pasado y están pasando por lo mío. Aprovecho para animar a todo el mundo a donar porque con este gesto se salvan muchas vidas”.
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Indica “que físicamente me encontré muy bien. Pero veía a la gente que tenía a mi alrededor mucho más nerviosos que yo. Cogí a Catalina de Foix un poco emocionado, e incluso me cayó alguna lágrima, pero una vez que me puse a bailar todo se me pasó”.
Juan Ramón demoró su despedida un año. “En 2016 ya quería bailar y despedirme de los gigantes. Pero el médico que me operó me dijo que creía que todavía era muy temprano. En 2017, en una revisión, dijo que si quería bailar lo podía hacer perfectamente y así fue como hice mi sueño realidad”.
Como los buenos toreros se cortó la coleta y salió a hombros por la puerta grande. Pero no se ha despedido del todo de sus gigantes. “Ya no bailo, pero sigo tanto en esta comparsa como la de Perrinche, aunque de acompañante”.
Su testigo hace tiempo que lo recogió su hijo Asier, vicepresidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Tudela. Y en espera están sus nietas. “De momento son pequeñas pero están locas con los gigantes”.
Y terminamos la entrevista con Juan Ramón feliz, cogiendo con su mano la de su querida Catalina de Foix. “Han sido muchos años juntos”, recuerda emocionado.