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«Hemos abierto el camino»

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Marta Peral, Alicia Cornago Arriazu y Sandra Vaquero

Las tres primeras mujeres en bailar a los gigantes

Una de las grandes sorpresas de las fiestas de Santa Ana del pasado año fue la incorporación de las tres primeras mujeres en la Comparsa de Gigantes de Tudela. Marta Peral Marín, Alicia Cornago Arriazu y Sandra Vaquero Vilda bailaron a Íñigo Arista, Oneca y Sancha, respectivamente, pasando a la historia de esta entidad creada hace 33 años.
Marta Peral Marín, de 42 años de edad, lleva muchos años involucrada con la Comparsa ya que su marido, Rafa Urzainqui, porta un gigante. Además, sus hijos son unos grandes seguidores de estas fantásticas figuras.
Pero las cosas no quedan aquí. “Mi tío Juan Ramón bailaba los gigantes y continúa su hijo Asier, por lo que tal y como indica, “somos muchos de la familia quienes formamos parte de esta comparsa”.
Asegura que fue el presidente de esta entidad, Íñigo Castellano, quien le ofreció la posibilidad de formar parte de ella y “estoy encantada”.
Alicia Cornago, de 30 años, ha seguido la estela de su hermano Guillermo, quien hace tres años entró a formar parte de la comparsa. Integrante del Grupo Municipal de Danzas de Tudela, confiesa que “de pequeña me gustaban los gigantes, pero no tanto como a mi hermano, a quien le encantaban. Íbamos los dos juntos a verlos y nunca pensé que al final los bailaríamos”. Además, forman pareja, ya que ella baila a Oneca y él a Íñigo. “Fue a raíz de que entrase mi hermano en la comparsa cuando más me empecé a interesar por los gigantes. Por eso cuando me propusieron entrar dije que sí”.
gigantes1Sandra Vaquero es la más joven. Tiene 22 años y una larga trayectoria en el Grupo de Danzas de San Juan. “Desde hace muchos años formo parte del Paloteado de San Juan Bautista, del Barrio de Lourdes”.
Afirma que “desde siempre me han gustado los gigantes. Mi tío Luis Alberto Vilda, además, baila hace muchos años y toca el txistu en la Comparsa de Gigantes de Tudela”.
Indica que al principio le costó un poco controlar al gigante, pero según aclara, “lo peor es el calor que hace ya que son muchas horas bailando” y adaptarse a las calles. “Hay algunas que son muy estrechas y apenas puedes bailar, además hay que contar con la altura del gigante, pero se lleva bien”.
El pasado año no podían ocultar los nervios, pero ahora han ganado en confianza. Una confianza que les han otorgado sus compañeros. “Los chicos están muy contentos de que haya chicas dentro de la comparsa. Dicen que ya era hora”.

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