Almudena Cid: eterna sonrisa agradecida a la vida

Miércoles, 14 de Abril de 2021 09:09 Anselmo del Barrio
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"Mi abuelo me decía que soy como el Ave Fénix"

"La retirada del deporte de alto rendimiento me dejó un vacío que empecé a llenar cuando descubrí la interpretación. Durante años me he formado y me sigo formando como actriz para poder seguir contando historias. Antes lo hacía a través del movimiento (gimnasia rítmica) y ahora también con la palabra".
Con la sinceridad y simpatía que le caracteriza, Almudena Cid Tostado, la única gimnasta rítmica que ha participado en cuatro Juegos Olímpicos (Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008), ofreció el 13 de abril una charla a los alumnos del CPEIP Otero de Navascués de Cintruénigo. Tras su retirada el 23 de agosto de 2008 en los Juegos de Pekín, no ha parado. Es actriz y escritora. Precisamente esta última faceta -ha escrito varios cuentos infantiles-, le llevó a este centro escolar invitado por el departamento de Educación Física. Realiza diferentes proyectos y este año ha sido la adquisición de libros de la campeona. Almudena tuvo la delicadeza de llevarlos personalmente y explicar a los alumnos y alumnas su experiencia deportiva.
Reveló que está muy agradecida a la gimnasia rítmica. “Me enseñó a saber que era una chica sensible, que me afectaban las cosas. A darme cuenta, en algunos momentos, de que tenía más fuerza de la que creía. Cuando las cosas no me salían bien, o no iban como esperaba, de repente surgía una resistencia y un aguante mayor al que pensaba que poseía. Lo que más agradezco al deporte después de 21 años, es que me ha enseñado a conocerme. Eso es muy importante para todos porque nos va a ayudar el resto de nuestras vidas en lo que emprendamos”.
Aseguró que el camino para llegar a ser campeona no ha sido nada fácil y lanzó el siguiente mensaje: “para dedicarnos al deporte tenemos que saber que hay que esforzarse, que hay que apretar los dientes, que todo cuesta mucho esfuerzo. Ahora hay muchas cosas que las conseguimos con un click. Pero mi experiencia me ha enseñado que la satisfacción nos dura proporcionalmente al tiempo y al esfuerzo que le hemos invertido. Si algo conseguimos sin esfuerzo, la satisfacción se diluirá rápidamente, pero si nos cuesta mucho, cuando lo conseguimos, lo valoramos”.
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Si por algo ha destacado, además de por su brillante palmarés repleto de medallas, es por ser diferente al resto. “Me di cuenta que no era una gimnasta que tenía mucha flexibilidad de espalda, que giraba mucho, o que tenía un salto potente. Era creativa y me inventaba formas de trasladar el aparato diferente y más original que otras gimnastas. En la pretemporada dedicaba mucho tiempo a crear elementos”.
Entre ellos es recordada por el denominado rodamiento ‘Cid Tostado’. “Todo el mundo rodaba la pelota por el suelo o por los brazos, y me propuse hacerlo por las piernas. Por ese elemento los jueces solo me daban un 0,10. Me jugaba la vida con ese rodamiento. Si la pelota se me iba, tiraba al garete todo el ejercicio, pero por ese 0,10 y por ser diferente, me arriesgaba. Y a la larga tuvo un valor. Reconocieron a nivel mundial, más allá de los resultados, el haber sido diferente. Es algo de lo que estoy muy satisfecha”.
Indicó que “todo el mundo quiere ganar, ganar y ganar, pero una vez que lo consigues y bajas del pódium, al año siguiente te releva otra deportista. Ese pódium va cambiando de protagonista, pero quién eres tú y cómo trasciendes en los demás, eso es algo único. Creo que en mi carrera se ha valorado más el haber ofrecido una gimnasia distinta a ser una medallista”.
A Almudena Cid hay que agradecerle no solo los brillantes momentos que nos hizo vivir, sino también por derribar el pensamiento de que la edad de una gimnasta tenía fecha de caducidad. “Yo necesitaba hacer ver al público, a los entrenadores, y a las propias gimnastas que la edad de retirada no tenía que ser a los 18 o 20 años. Que se podía tener 28, como era mi caso, y competir en una final y hacer las cosas bien. Este momento supuso un antes y un después en nuestro deporte. Ahora vemos gimnastas en el tapiz que alargan su carrera y disfrutan más tiempo de este deporte”.
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Almudena tiene grabado a fuego el 23 de agosto de 2008, cuando puso fin a su carrera en Pekín. Celebra cada 23 de agosto como “si fuera un aniversario. Es un día para recordarme a mí misma, que habiendo sido fiel a tu forma de ser, siendo trabajadora y muy constante, se puede conseguir lo que una desee. En este caso alargar mi vida profesional. Fue como una reivindicación y una forma de reafirmarme a mí misma de que una cosa que yo creía que se podía hacer era posible. Me acompaña mucho este momento a la hora de mirar atrás y querer emprender nuevos proyectos, como por ejemplo ser actriz”.
Reconoció que descubrió la interpretación como un medio para seguir expresándose. “La gimnasia es un deporte muy expresivo en el que también cuentas historias usando la música y el movimiento. Yo necesitaba seguir contando historias, pero ya no lo podía hacer con la gimnasia rítmica. Y encontré la interpretación. Me está ayudando a descubrir un mundo muchísimo más amplio y a ser más empática, un poco más tolerante también. Para mí es un mundo muy bonito y muy paralelo al deporte”.
El maillot que portó en sus últimos Juegos Olímpicos de Pekín llevaba dibujado un ave, cuyo significado reveló a los escolares. “Tiene una historia muy personal. Mi abuelo es una persona que está aquí (se señala el corazón), pero no físicamente, porque se me fue el año pasado. Él estaba mucho en el campo, encontraba cosas que reciclaba y con las que luego construía unas esculturas a las que ponía un nombre. Entre ellas había una especie de pájaro y mi abuelo me decía: “este es como tú. Cuando todo el mundo cree que lo vas a dejar, vuelves a aparecer. Eres como el Ave Fénix, que renace de sus cenizas. A mí me llevaban retirando después de cada edición de los Juegos Olímpicos. El caso es que resurgía. Ese ave es muy significativo, es resurgir en otra profesión para otras cosas de la vida. Ahora me he reciclado en actriz. De alguna manera mi abuelo me ayudó en este reciclaje, haciéndome ver que todo tiene un doble uso, y que mi trayectoria deportiva tiene utilidad en otra profesión. Ese es el bonito mensaje que me dejó”.
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Nunca podremos olvidar cuando tras su última actuación en los Juegos de Pekín, donde consiguió un brillantísimo diploma, se agachó para dibujar un corazón en el tapiz y besarlo. “En ese momento me entró un gran angustia porque me preguntaba: ¿ahora para qué sirvo? Llevaba toda la vida entrenando. No había hecho otra cosa”.
Pero se reinventó y se puso a escribir cuentos infantiles. “Los libros surgen por la necesidad de ordenar qué es lo que me había dado el deporte. Su escritura me ha servido también de catarsis para plasmar cuál ha sido mi vida dentro del deporte y ayudar a quien los lea, sobre todo a quien esté metido en la gimnasia rítmica, a entender muchas cosas que les pasan y no sentirse tan solos”.
Se mostró muy feliz de que sus libros hayan calado hondamente. “Me mola mucho que sean los libros que vais a tener que leer, porque sus protagonistas son superheroínas. Siempre se habla de Superman o Spiderman, pero no hay superheroínas de la gimnasia rítmica. En estos libros las vais a encontrar”.
Se despidió recordando valores que nunca nos deben de abandonar: esfuerzo, paciencia y tolerancia. Y destacó la importancia que para los niños y niñas tienen los adultos. “Tenéis que confiar en vuestros padres, en los entrenadores, en los profesores... Aunque a veces tengáis que escuchar de los mayores cosas que no os gusten, atended, porque seguro que lo están haciendo por vuestro bien”.

Última actualización el Miércoles, 14 de Abril de 2021 12:52

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