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Exposición de Carlos Cánovas en la Casa del Almirante

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El fotógrafo ha sido nombrado Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2020
Con motivo del nombramiento del fotógrafo Carlos Cánovas como Premio Príncipe de Viana de la cultura 2020, regresa a la Casa del Almirante la exposición ‘Entre luces’, que ya se pudo ver en este mismo edificio en 2012. Se trata de una muestra que reúne 20 fotografías en blanco y negro que retratan diferentes obras del arquitecto tudelano Rafael Moneo.


La muestra se inauguró ayer 11 de agosto con la presencia del fotógrafo, Carlos Cánovas; Jesús María Ramírez, miembro de la Fundación María Forcada; y Merche Añón, concejala de cultura y presidenta de Castel Ruiz. Se podrá visitar en la 1ª planta de la Casa del Almirante hasta el próximo 13 de septiembre. El horario de visita es de martes a sábados de 10:30 a 13:30 y de 17:30 a 20:30 y domingos de 10:30 a 13:30.
Tal y como indicó Carlos Cánovas, “la génesis de este trabajo trataba de obsequiar al arquitecto Rafael Moneo, en el 75 aniversario de su nacimiento, a propuesta de la Fundación María Forcada, con una obra fotográfica realizada en cada una de sus arquitecturas en España. No se pudieron hacer todas por un problema no solo presupuestario, sino de calendario. Faltan pocas, pero faltan algunas”.
Reconoció no ser “fotógrafo de arquitectura. No esperen ver en esta exposición fotografías canónicas de la arquitectura. Son interpretaciones personales, que es lo que en definitiva se me pedía, y lo que intenté hacer. Desde esa interpretación personal intenté buscar para todo el trabajo una especie de telón de fondo. Es una obviedad, que unos edificios arquitectónicos reciban la luz de una determinada manera. En el caso de Moneo hay una gestión personal de él, de esa luz que el edificio recibe. A mí me pareció que ese podía ser el hilo conductor y por eso la exposición finalmente se tituló “Entre luces”. Es seguir esa gestión de la luz que el arquitecto intenta y que el fotógrafo interpreta”.
Para esa gestión de la luz Cánovas utilizó el blanco y negro, no el color. “Creo que el primero permite esa gestión de la luz mejor. El color aporta otros aspectos en los que fijarse, como la emoción. También utilicé un formato pequeño, alrededor de 14×20 centímetros. Aunque los fotógrafos a menudo hacemos tamaño grande, a mí siempre el pequeño me ha parecido muy atractivo porque propicia la intimidad con el espectador. Es un tipo de acercamiento distinto, casi táctil, casi apetece tener las obras en la mano”.
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También renunció al uso “de lo que es una cámara técnica, que en la arquitectura son las adecuadas. Cámaras de formato grande, que permiten reglajes, corrección de perspectivas… El ritmo de hacer las fotografías fue el del paseante, del caminante que recorre lugares; que ve, estudia y reflexiona como puede sobre la luz de esos escenarios y luego la interpreta o la propone a quien vaya a contemplar las imágenes después”.
Aseguró que “quizá la tarea más difícil fue seleccionar una fotografía de cada escenario. Muchos de esos sitios tienen 300 ó 400 fotografías como poco, por lo que quedarte con una es complicado. Elegir es renunciar. Es una pena que todo ese trabajo quede en el limbo, que es el archivo del fotógrafo”.
Reveló que “Entre luces” es un trabajo que no ha dado por concluido. “Nunca doy por finalizado ninguno de mis trabajos. Cada vez que visite un edificio, me da lo mismo el Kursaal o el Museo de Arte Romano, pues volveré a mirar y a remirar esos escenarios porque me parece que siempre hay algo que uno no ha visto”.
Afirmó que “hay una coincidencia bastante mayor de lo que parece entre el trabajo del arquitecto y del fotógrafo. Muchos fotógrafos tienen interés arquitectónico, y muchos arquitectos aprecian el valor de la fotografía. Conocemos la mayor parte de las obras de los arquitectos a través de fotografías”.
Indicó que “se trata de una exposición pequeña, para acercarse, para verla con tranquilidad, despacio, para criticarla y para entender por qué se han mostrado unas imágenes y otras no. La crítica complementa la obra. Aunque el autor normalmente no tiene contacto directo con el espectador, es el que cierra el círculo de la creación. Sin esa crítica no hay nada”.
Recordó cuando en 2012, con motivo de la inauguración de la exposición homenaje al 75 aniversario del nacimiento de Rafael Moneo, el arquitecto aseguró que “estaba muy agradecido a su profesión porque le permitía ver el mundo con los ojos del arquitecto. Parafraseándole yo estoy muy contento de poder ver el mundo con los ojos del fotógrafo, que además tiene una ventaja adicional: sus obras las puede compartir con otras personas. Cuando un fotógrafo está en un lugar y sabe apreciar ese espacio y ese tiempo que tiene delante, su obra, esa propuesta que hace a los demás, es de todos. Todos se identifican con el fotógrafo. Eso es una maravilla de la función artística, en este caso la fotográfica, que justifica todos los esfuerzos por hacer algo”.

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