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Exposición Gervasio Sánchez

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Antología de Gervasio Sánchez

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFIA DEL PREMIO

NACIONAL DE FOTOGRAFÍA 2009

El fotoperiodista Gervasio Sánchez, que ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales, inauguró en la tarde de ayer 22 de mayo, su exposición “Antología” que se puede ver en la Casa del Almirante hasta el mes de septiembre. La misma producida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, ha sido organizada por Castel Ruiz y Fundación María Forcada, con la colaboración de Fundación Diario de Navarra.

Esta exposición, organizada con motivo de la concesión del Premio Nacional de Fotografía 2009, otorgado por el Ministerio de Cultura por su compromiso continuado con la fotografía como herramienta de denuncia de la violencia en los conflictos armados y por su continuada labor a favor de la justicia, representa 25 años de obstinado trabajo en numerosos escenarios bélicos y gervasio7

posbélicos de América Latina, Europa, Asia y África; lugares que desvelan la crudeza de nuestro tiempo y en los que languidecen, injustamente olvidadas, las víctimas de la barbarie. En la presentación del acto estuvieron presentes María Forcada, el fotógrafo y la comisaria de la muestra; el gerente de Castel Ruiz, Javier Briongos; la concejala de Cultura y presidenta de Castel Ruiz, Merche San Pedro; y la delegada del Gobierno en Navarra, Carmen Alba.
-Gervasio Sánchez ¿Cómo definiría esta exposición?
– “Es el reflejo de 25 años de trabajo en continuos conflictos. Estamos hablando de diferentes conflictos armados donde yo he ido desarrollando mi labor como fotoperiodista desde mediados de los 80 hasta hoy en día. El Ministerio de Cultura me concedió el Premio Nacional de Fotografía junto con el premio de hacer una exposición en la que se viesen todos los trabajos. Son unas 150 imágenes más retratos que pasan revista a esta vida tan intensa que he llevado”.
-La comisaria de la exposición ha dicho que es una exposición “no amable, pero necesaria”.
-“Estamos hablando de dramas humanos, de guerras, de desastres de la guerra, de mutilados, de gente que sufre, de gente que muere y que sobrevive, y evidentemente eso no puede ser amable. Yo siempre intento mostrar este tipo de situaciones con intensidad, pero también con respeto. A mí no me gusta acercarme a las víctimas y maltratarlas más de lo que están ya, sino buscar una manera más precisa, diferente y singular de mostrar el dolor, en el que la gente se tiene que sentir identificada porque si no te sientes identificada con el dolor ajeno difícilmente vas a entender lo que ocurre en tantos países del mundo”.
– Usted lleva muchos años conviviendo con la muerte, el dolor, el sufrimiento, el terror ¿Puede quedar algún atisbo de esperanza?
-“Yo he visto a gente a punto de morir que luego ha sobrevivido y que ha llegado incluso a la Universidad. Niños soldados que si no han muerto ha sido de casualidad y que han acabado llegando a la Universidad. La esperanza es un concepto que a mí no me gusta mucho usar porque está muy maltratada. La gente afirma que hay que tener esperanza como diciendo: ‘estáis mal pero tened en cuenta que la esperanza nunca se pierde’. En el fondo al final es como una especie de excusa para no solucionar un problema. Hay que poner  fin a las guerras y al sufrimiento y conseguir que la humanidad tenga una vida normal y corriente. Hay que conseguir que no haya tantas zonas en el mundo afectadas por estos conflictos armados”.
gervasio6-Muchos Gobiernos se llenan la boca hablando de paz, pero sin embargo a la vez venden armas. ¿Cómo se entiende esto?
-“Vivimos en un mundo donde las ideas muchas veces se pisotean a las primeras de cambio. Gobiernos democráticos, gobiernos que dicen que respetan los derechos humanos, gobiernos de países europeos, gobiernos de la Comunidad Europea…, acaban siendo los grandes suministradores de armas en el mercado de la guerra. Ellos dicen que venden armas legalmente a países, pero realmente esas armas acaban en los campos de batalla. Hay gobiernos que lo que hacen es revender las armas, como se dice en el argot, ‘triangular las armas’, y al final acaban en los campos de batalla y son utilizadas por muchachos y muchachas que acaban muriendo en esas tierras”.
– Sigue volviendo a los lugares donde han hecho esas fotografías. ¿Por qué razón?
– “Me gusta volver por varias razones. Primero porque me gusta visitar esos países que he visto en guerra y verlos en paz. Lo hago de alguna manera para superar esa imagen negativa. Hay países en guerra que tienen muchas cosas que ver: ciudades antiguas, catedrales, mezquitas, ruinas… y a mí me gusta conocer bien la historia y la arquitectura de esos países. Regreso y me compensa mucho volver”.
– Su último proyecto ha sido ‘Desparecidos’. Se trata del proyecto documental más relevante y según reconoce el más complejo, dada la imposibilidad de visualizar a las víctimas desaparecidas.
-“Es un proyecto que empecé hace muchos años, en el que he trabajado profundamente y lo que quiero es mostrar que el peor drama de la guerra es el desaparecido. La obligación que tiene un gobierno de un Estado cuando alcanza la paz, o cuando normaliza la vida, o alcanza la democracia es evitar que los desaparecidos queden olvidados en fosas o en cunetas. La memoria, la verdad y la justicia debería ser patrimonio de la humanidad y de estos países golpeados por la violencia”.
– En la exposición hay muchas fotografías, pero cuatro en las que vemos la evolución de una niña mozambiqueña, Sofía Elface Fumo, que perdió las dos piernas. 
– “El proyecto ‘Vidas minadas’ lo empecé hace casi una veintena de años y una de sus singularidades es, aparte de que sigo acumulando imágenes, la idea era hacer un seguimiento de algunas personas que yo había conocido. Una de ellas es Sofía Elface Fumo, que conocí con 13 años. Había perdido las dos piernas en la explosión de una mina y su hermana María murió. Cinco años después la fotografié con su primer hijo Leonaldo, cinco años más tarde en el 2007 con sus dos hijos, y justo el año pasado la volví a fotografiar con sus dos hijos. Hay una especie como de transición entre esta última y aquella primera de 15 años. Los seguiré fotografiando en los próximos años y espero en el año 2022 cuando este proyecto cumpla 25 años pueda presentar ‘Vidas minadas 25 años’ y que la portada de mi libro sea Sofía con sus nietos”.

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